28 de Noviembre 2025 | Medellín, Antioquia | Cristin Serrano, Periodismo UCN.

La historia de Manuel Baena, hijo de una madre adventista que nunca dejó de orar, revela cómo la Fundación Un Pan de Amor, en Cartagena, Colombia, se ha convertido en un faro de esperanza para quienes luchan contra las adicciones.

Hace un año, Manuel Baena era considerado un peligro para su familia. Después de 28 años de adicción, había llegado al punto de intentar incendiar su propia casa. Su madre, un fiel miembro de la Iglesia Adventista del Séptimo Día, nunca se rindió en oración.

Manuel Baena (al centro), junto a su madre Maira (a la Izquierda) y Yajaira Fuentes (a la derecha), durante su proceso de recuperación en Cartagena, Colombia. Después de casi tres décadas atrapado en las drogas, Manuel encontró en la Fundación Un Pan de Amor el apoyo espiritual y emocional que necesitaba para comenzar una nueva vida.

Cuando los voluntarios del ministerio Un Pan de Amor escucharon su historia, no dudaron en ayudar. Lo visitaban cada mañana desde las cinco, uno tras otro, hablándole, orando y recordándole que Dios aún podía salvarlo. “Fue en ese momento que sentí que Dios me hablaba a través de ellos. Me dijo que era mi última oportunidad”, recuerda Manuel.

Ese mismo día, lo trasladaron a un centro de rehabilitación. No fue fácil. “El proceso estuvo lleno de obstáculos”, cuenta Yajaira Fuentes, fundadora de la iniciativa. “En el hospital nos enfrentamos a médicos que no comprendían que no se trataba solo de una crisis humana, sino de una batalla espiritual. Oramos y cantamos allí mismo, y Dios obró el milagro.”

Manuel Baena, minutos antes de ser internado en un centro de rehabilitación, acompañado por Yajaira fuentes. Después de 28 años luchando contra la adicción, este fue el primer paso hacia su restauración física, emocional y espiritual.

Hoy Manuel está libre de las drogas, restaurado y activo en la iglesia local. “Después de Dios, Pan de Amor lo ha sido todo para mí. Aquí recuperé mi vida y el deseo de ser ejemplo para mi familia”, testificó con emoción.

La historia de la fundación comenzó un domingo del año 2024, durante un culto de ayuno y oración en la congregación adventista ubicada en el barrio La María, sector Los Corales, en Cartagena. Ese día, mientras estudiaban la lección de Escuela Sabática, Dios colocó una carga especial en el corazón de Yajaira Fuentes, comunicadora social, docente del magisterio y miembro activa de la iglesia, junto a su esposo Daniel Senior y Nelcy Pérez, enfermera. “Entendimos que la iglesia debía ser un centro de influencia. Vimos pasar frente a nuestro templo a personas en extrema necesidad, y supimos que Dios nos estaba mostrando nuestra misión”, relató Yajaira.

Con lo poco que tenían —una galleta, una taza de avena y un corazón dispuesto— comenzaron a servir. Cada sábado, desde las seis de la mañana, levantaban carpas frente al templo, ofreciendo alimento, baño, ropa limpia y oración. Así nació Un Pan de Amor.

Voluntarios de la Fundación Un Pan de Amor reparten alimentos y ropa a habitantes de calle en el sector de Los Corales. Cada sábado, el ministerio adventista ofrece no solo comida, sino también acompañamiento espiritual, oración y esperanza a quienes luchan por salir de la adicción y la vulnerabilidad.

El pastor Fabián Blanco Ramos, líder del Distrito Norte de Cartagena, conoce de cerca la realidad que viven muchos de los beneficiarios. “Un día yo también estuve atrapado en el flagelo de las drogas, la delincuencia y las pandillas”, compartió con sinceridad. “Cuánto me hubiese gustado que, en ese tiempo, mi iglesia local tuviera una fundación como Un Pan de Amor. De seguro mi proceso de crecimiento psicológico, emocional, físico y espiritual habría sido más rápido”.

Para el pastor Blanco, este ministerio es una respuesta divina a una necesidad urgente:

“La Fundación Un Pan de Amor representa una gran bendición para el cumplimiento de la misión. A través de ella podemos acercarnos a una población vulnerable, discriminada y apartada, no solo con el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, sino también por medio del Evangelio de las buenas obras”.

El pastor Fabián Blanco, líder de la iglesia Los Corales bautizando a una persona rescatada gracias a la fundación Un Pan de Amor

El líder distrital enfatizó que la combinación de profesionales adventistas —psicólogos, docentes, abogados y enfermeros— con el poder del Evangelio ha dado fruto en la vida de muchos. “Ocho jóvenes han sido bautizados gracias a esta obra. Por eso animo a toda la iglesia a orar y apoyar este ministerio, para que, como una semilla de mostaza, crezca y se extienda desde el distrito hasta la asociación, la unión y la división”, expresó.

Con el paso de los meses, Un Pan de Amor se consolidó como una fundación legalmente establecida, que atiende semanalmente a entre 30 y 35 personas en situación de vulnerabilidad. Allí colaboran como voluntarios profesionales adventistas —abogados, enfermeros, docentes y psicólogos— que ofrecen asesoría, acompañamiento y oración.

El proyecto ha permitido que varios beneficiarios regresen a los estudios, encuentren trabajo o inicien procesos de rehabilitación. Hasta la fecha, ocho personas han sido bautizadas, testificando del poder transformador del Evangelio.

 

Yefrey Pertuz junto a Yajaira Fuentes, directora de la Fundación Un Pan de Amor, durante su ceremonia de graduación como bachiller. Tras superar una dura etapa de adicciones, Yefrey logró culminar sus estudios gracias al acompañamiento académico y espiritual brindado por el ministerio adventista.

Entre los casos más conmovedores está el de Rubén Darío, un joven con el corazón dañado por las drogas y una discapacidad física. “Murió en paz, acompañado y en dignidad”, recuerda Yajaira. “No pudimos salvar su cuerpo, pero su alma descansó en esperanza. Eso también es redención.”

Aunque los recursos son limitados, la fundación continúa soñando. Actualmente buscan consolidar la compra de una casa propia que sirva como centro de atención integral y levantar una panadería comunitaria en alianza con el Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). Esta iniciativa brindará capacitación y empleo a quienes deseen reiniciar su vida.

“Nuestro lema es Salvación y Servicio —explica Daniel Senior—. Creemos que ayudar al necesitado es la mejor preparación para el encuentro con nuestro Señor.”

Yajaira sueña con un Centro Adventista de Rehabilitación Integral, un espacio que combine apoyo espiritual, profesional y educativo. “La Iglesia Adventista tiene colegios, hospitales y universidades. También necesitamos un lugar donde sanar las heridas invisibles de las adicciones”, expresó.

Su convicción se resume en las palabras de Jesús:

“Por cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

Para Yajaira, cada taza de avena, cada oración y cada abrazo son semillas de eternidad. “El Reino de los Cielos también es para los adictos, para los olvidados, para los que nadie quiere mirar. En Pan de Amor hemos visto que el amor de Cristo aún rompe cadenas.”


Enlace oficial: https://www.facebook.com/funpamores






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